31.3.17

10 razones por las que debemos continuar enviando postales y cartas

10 razones por las que debemos continuar enviando postales y cartas




1. Las cartas son mucho más bonitas que los correos electrónicos. 

¿Cuántos e-mails recibís por día en tu bandeja de entrada? ¿Cincuenta y la mitad son spam? Ya no das abasto en responder. En cambio, te preguntaste alguna vez ¿cómo sería volver a recibir una carta en tu buzón de correo?
Debo confesar que la felicidad de ver una carta debajo de la puerta, y abrir y encontrar la letra manuscrita de un amigo es algo que no tiene comparación con recibir un e-mail. En las cartas sentís la sorpresa al recibirla, la textura del papel, la caligrafía de la persona y los kilómetros que viajó para llegar... Llámenme nostálgico.

2. Hay pocas cosas más satisfactorias que comprar nuevo papel para escribir.

¡Qué mejor lugar que la sección de papelería de las librerías! Podés elegir el tamaño del papel, los colores, las texturas, los sobres y los sellos de cera. También podés encontrar postales de tus lugares turísticos favoritos, combinar un papel naranja con un sobre violeta o hacer tu propia decoración vintage.

3. No se pueden adjuntar flores, hojas secas y dibujos a los correos electrónicos.

Bueno, si lo podés escanear… pero pierde su materialidad. Con las cartas podés usar todas las cosas que entran en un sobre pero que no se pueden meter en un e-mail: la caligrafía, los tachones, las hojas secas, los dibujos, los olores, la textura del papel, las fotos impresas, las cositas sueltas. Podés apelar a tus recuerdos y enviarle a esa persona especial el billete de autobús donde se conocieron, la flor que le gusta o la entrada a un evento que fueron juntos.

4. Algunas cosas son mejores dichas sobre el papel.

¿Extrañas a esa persona especial? ¿Te equivocaste y le querés pedir perdón? ¿O decirle simplemente gracias por estar en tu vida? Probá decírselo a través de una carta. Como en los viejos tiempos donde nuestros abuelos se declaraban su amor a través de las palabras y los papeles, cuando no existían los smartphones ni la virtualidad del Facebook.
En algún mercadillo todavía encontrarás cartas amarillentas, con letras tal vez un tanto borroneadas por el tiempo pero que de alguna manera contienen un pedacito del pasado. O mejor aún, preguntáles a tus abuelos si aún conservan cartas. Es cautivante.

5. La lentitud de las postales es proporcional al tamaño de la sonrisa del destinatario al ver la postal debajo de la puerta.

De pequeñito abría la puerta y miraba el felpudo deseando que hubiese un sobre de algún lugar del mundo esperándome. La lentitud de las postales es, en realidad, la mejor parte. Porque los tiempos son otros, recibirlas demora días, incluso semanas… nada parecido a la instantaneidad de la web. Pero quien sea el destinatario sentirá la emoción inigualable de saber que tiene en su poder un recuerdo mágico pensado solo para uno. Que alguien fue capaz de tomarse el tiempo –ese que hoy nos parece tan escaso- para elegir el papel, pensar las palabras, escribir de puño y letra, tachar, preparar el sobre y enviarlo desde la oficina de correo más cercana.
Esa felicidad que se siente al enviar las cartas y al imaginarme a mis amigos recibiendo esa sorpresa desde otro lugar del mundo se prolonga con su lentitud. Cada día pienso “¿habrán llegado?” “¿Por dónde andarán viajando ahora?”

6. Le das a tus amigos y familiares la oportunidad de adornar su casa.

Porque las postales son vistosas, las podés pinchar en una cartelera de corcho o pegarlas en las ventanas de tu casa u oficina. Otra opción es enmarcarlas como cuadros para decorar tus paredes. Podéis hacer series temáticas (edificios históricos, arte callejero, naturaleza) o hacer la distinción de los lugares de dónde las recibiste, ya sea por países o continentes.

7. Es una suerte para personas poco tecnologizadas.

Hoy existen otras maneras de contar un viaje porque las redes sociales cambiaron la forma de transmitir las aventuras de los trotamundos. Basta con subir fotos al Facebook, tener un blog de viajes, mandar un mail, hacer un tweet o subir a Instagram una postal electrónica. Pero no te olvides que a pesar de estar en el 2015 todavía hay personas que no están conectadas, ya sea por elección, por edad o por una cuestión económica. Ellos apreciarán profundamente recibir cartas a la antigua usanza. Los mantendrás informados de cómo te van las cosas si son de los que no tienen Facebook.

8. Podemos coleccionar sellos de distintos lugares del mundo y viajar sin movernos de tu casa.

Muchas veces los familiares y amigos no pueden viajar por diferentes motivos, por lo cual me gusta compartir con ellos un poquito de mi viaje enviándoles una postal o una carta. Algunos tienen una caja donde juntan las estampillas de los distintos países. La filatelia puede ser un pasatiempo gratificante para chicos y grandes.

9. Si no hay postales que te gusten, será cuestión de crearlas.

Hay veces que las típicas postales turísticas aburren o se repiten y te gustaría poder enviar una postal de la confitería donde comiste el mejor postre, de una pintada callejera, de la fachada de una casa que te gustó o de un parque donde te tomaste un descanso. Cuando te pase eso podés crear tu propia postal. ¿Cómo? Podés mirar entre tu archivo de fotos de viaje, seleccionar “la foto perfecta” para cada persona, imprimirla en tamaño postal, escribirle algo en el dorso y mandársela por correo. En “De acá para allá” se compaten algunos diseños de postales.

10. Es una práctica en peligro de extinción.

Para las generaciones más pequeñas, los llamados nativos digitales, que han crecido con todos los dispositivos electrónicos, hablarles de postales es anticuado. Para quienes desconocen este mundo les propongo que las busquen en algunos kioscos y librerías, y prueben enviar una y vean de qué se trata. Otra buena opción (y que tiene que ver con la web) es registrarse en el sitio Postcrossing, un proyecto donde el objetivo es recibir postales de cualquier parte del mundo, siendo una incógnita de dónde vendrá la próxima postal. La idea principal es: si envías una postal, recibirás otra.

Porque no queremos que esta vieja tradición se pierda. No queremos dejar de encontrarnos con correspondencia cada vez que volvamos a nuestras casa. Queremos que alguien reciba una imagen y sonría. Para luchar contra esa velocidad que pretende marcar nuestra vidas. Y porque tienen el encanto de haber venido de lejos. 

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