Las cartas con forma de libro pueden servirnos para escribir cartas noveladas.


A modo de ejemplo, la carta podría empezar así:
—Aquella tarde de otoño, Joan no sabía qué hacer... De repente le sobrevino el recuerdo de su amiga, la Mariona, a quien todavía no había escrito desde hacía un mes... Así que cogío el bolígrafo y comenzó a soltar, una tra otra, aquellas letras portadoras de amistad...
"Hola, Mariona. Te escribo desde la buhardilla de casa... (y bla, bla, bla...continúa la carta)
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